La cuadrilla de “ingenieros”
Los participantes en esta locura hemos sido:
Javier Fernández-Gil Varona, concejal de Cultura;
J. Carlos Villasante , veterinario;
Marisa Villasante, historiadora;
Patricio Sequeiros Murciano, comandante del EVA-12;
Francisco López Alonso, panadero;
Alejandro Antonio Gutiérrez Barquín, concejal;
Fernando Martínez, médico;
Emilio Ezquerra Villasante, abogado y concejal del Ayto. de Montija;
José Francisco Tielve, auxiliar administrativo;
Paloma Ortíz, camarógrafa;
Elías Gómez, d.j. radiofónico;
José Carlos Peña, ingeniero de Caminos;
Jesús Mª Martínez Martínez, administrativo;
Maite Canedo, empleada de correos;
Mª Socorro Samperio Fernández Alonso, propietaria del manuscrito;
Felix Castrillejo Ibáñez, profesro de la UBU
Mercedes Quintana, pintora, poetisa y escritora;
Verónica Peña Marcide, ingeniero Técnico Forestal;
Inés Aguirreburualde, gerente comercial;
Luis Revuelta Escagedo, Policia local de Santander,
Ricardo Lavín, Policía Nacional en Santander.
Carolina García Martínez, profesora de primaria;
Marisa Maté, profesora de primaria;
María Ángeles Fernández, profesora de primaria;
Mª Carmen Santos, profesora de primaria;
Maite Hervías, profesora;
Juan Carlos Alonso, ingeniero de Telecomunicaciones;
Juan Cruz Peña, ingeniero de Telecomunicaciones;
Javier Maté, electricista;
Chelo Ortiz, ama de casa;
Cristina Gómez, auxiliar de enfermería;
Juan Carlos Abascal, periodista;
Ricardo Martínez, dibujante;
Ignacio Berlanas, concejal y agente medioambiental;
Dionisio Álvarez Cueto, ilustrador;
Rafael Gómez Varona, alias RANSA, electricista,
Marisol Martínez, hostelera;
Maripi Ortiz, hostelera;
Raúl Linares, operario;
Maite Villasante, profesora;
Leandro Valle, restaurador;
Figurantes de la “jornada de Las Peñucas”;
y Profesoras y alumnos del Colegio Público Sta. Cecilia.
Así como nuestr@s respectiv@s, hij@s,
padres, madres, amigos y demás parentela,
que nos han sufrido en silencio y nos han apoyado en todo momento.
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Y, como decía mi abuelo Carlos cariñosamente a mi abuela Feli,
si de esta salimos en otra no nos metemos (o sí……)
13-01-2009 Se nos ha ido un amigo.
Anoche no pude dormir. A través de Internet me llegó la noticia fatal. Nuetro Dionisio no pudo con la enfermedad.
No tuvimos el placer de conocerle en persona, pero las largas charlas por teléfono, de horas y horas, con las que tanto Jesús Mari como yo conseguimos engancharle a nustro proyecto con nuestra insistencia, llorándole, haciéndole reir, reir mucho (llamarle era una delicia, un buen rato se pasaba seguro), insistiéndole, volviendo a insistirle… al final no pudo resistirse , y se implicó con nuestro librito, el del Abad de Pechón, y nos regaló su portada, le dio alma y vida, nos aconsejó en su diseño como lo haría un hemano mayor, y creo que lo asumió como obra propia.
Los días en que conmemorábamos el bicentenario nos contó su situación. Toda nuestra alegría al invitarle se tornó preocupación, y su ausencia en Espinosa se hizo más presente que nunca. Nos faltaba Dionisio. Y nada más acabar le contamos todo, y se alegró mucho, y en ese rato de charla pudimos con el mal, y rió, como siempre.
En posteriores llamadas intentamos devolverle los favores recibidos, animándole, arrancandole sonrisas. Hasta que , a principios de año, el teléfono enmudeció.
Se nos fue un gran amigo.
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Dionisio Álvarez Cueto, 1962-2009
Como recuerdo, el texto que nos unió y nos inspiró:
“Mi hermano Pedro, Montero de Cámara y Guardia de SS.MM., que con mi Señora Madre, criados y hermanos se habían ido y estaban en el Valle de Soba y Casas de Don José Gutiérrez del Regato, y de Don Diego de la Peña y Rozas, ansioso de saber nuestro paradero se tiró por las sierras interpuestas entre Espinosa y Soba; llegó por Castro-Morta a más abajo de los Corrales; iba con mucho recelo porque no sabía de cierto si habían marchado los Franceses; sintió las pisadas un herido español que allí había quedado; no podía menearse de medio abajo; ni articular palabra alta; éste según veía a mi hermano levantaba la cabeza, y mi hermano, luego que le vió echo a huir algún tanto; entre temores y sustos volvió otra vez a andar para adelante, y viendo que el soldado se ponía en ademán de acecharle, se retiró creyendo que aún había Franceses, y que éste estaba acechando para tirarle. En este mismo, día hicimos llegase a Soba la noticia de haberse ya marchado todos los Franceses.
Mi abuela materna Doña Gabriela Sebastiana Conde, luego que tuvo tal noticia, se determinó a llegarse a Espinosa, tanto por saber el estado de su casa, como el nuestro; en efecto vino a vernos y nos trajo un pan y una botella de vino; mi hermano Pedro llegó algunas horas después, y en un pañuelo nos trajo pan, garbanzos y carne; con estos socorros y su visita parecía íbamos saliendo del estado de languidez, y letargo en que nos hallábamos. Por llegar éste más pronto vino por las mismas sierras del día anterior; registro el sitio donde le parecía estaba el soldado que creyó Francés, en el cual halló un Español exánime tendido, y muy próximo a y a su rededor pacida toda la hierba; le hizo señas porque le trajese un poco de agua; se la trajo y bebió, y empezó a articular trabajosamente algunas palabras; mi hermano cargó con él, y bajó hasta cerca de la Villa; y no pudiendo mas, fue a ver si encontraba ayuda; como por casualidad la encontró; le entraron en una casa, le hicieron con grasa de tocino un poco de caldo, en el que mi hermano echó del pan que traía una poca de sopa, y estando tomando quedó muerto.”
Alla donde estés una parte de tí está con nosotros. Como te gustaba acabar nuestras charlas… Un abrazo, amigo.
